- Tú siempre esperas gestos, yo palabras. Vivimos en mundos distintos y dentro de poco más aun.
- No digas eso.
- Soy realista. El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto, ya no hay forma de sacarlo.
- ¿Te has vuelto poeta?
- No, lo escribiste tú hace unos meses.
- Vámonos de aquí, ¿eh? Vámonos de este lugar que sólo nos mata a recuerdos. Venga, ayúdame a recoger tus cosas y vámonos.
- Sólo me quiero llevar una cosa. “Báilame el agua”. ¿Te acuerdas?
- Como me iba a olvidar.
- ¿Me lo lees? Nunca lo hiciste.
- Son sólo palabras.
- Sabes que eso es lo que necesito.
- No digas eso.
- Soy realista. El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto, ya no hay forma de sacarlo.
- ¿Te has vuelto poeta?
- No, lo escribiste tú hace unos meses.
- Vámonos de aquí, ¿eh? Vámonos de este lugar que sólo nos mata a recuerdos. Venga, ayúdame a recoger tus cosas y vámonos.
- Sólo me quiero llevar una cosa. “Báilame el agua”. ¿Te acuerdas?
- Como me iba a olvidar.
- ¿Me lo lees? Nunca lo hiciste.
- Son sólo palabras.
- Sabes que eso es lo que necesito.
Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de
tu jardín secreto.
Sácame de quicio. Hazme sufrir.
Ponme a secar como un trapo
mojado.
Lléname de vida. Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Olvida todo lo
que haya podido decirte hasta ahora.
No me arrastres, no me asustes.
Vete
lejos, pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo. Toca mis ojos. Nota la
textura del calor.
¿Por cuánto te vendes? Píllate los dedos.
Deja que te invite
a un café, caliente, claro. Y sin azúcar... sin aliento.

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